Historia de las Fajas
Desde los inicios de la humanidad cuando el hombre vio la necesidad de utilizar vestimenta para protegerse del clima frío, empleaba muchos telares ya sean de diferentes materiales como piel de animales, y con el pasar del tiempo los hombres progresaron para la utilizar otros materiales como el algodón hilo y otros más con la intención de mantener su cuerpo a una temperatura aceptable.
Entonces la faja emerge desde antiguos tiempos como un elemento constitutivo importante indumentaria. Empleada como sostén para ceñir y sujetar la cintura tanto para hombres y mujeres, en especial para los niños recién nacidos.
A través la historia el empleo de la faja ha sido muy importante para diferentes modos, hoy en día inclusive es empleada por militares en sus uniformes, también en los hábitos eclesiásticos, además en los atuendos de gala de nobles y plebeyos.
La faja se ha utilizado desde tiempos precolombinos los antiguos aborígenes empleaban en sus vestimentas clásicas. En los tiempos prehispánicos era prenda exclusiva de las mujeres, hoy lo usan hombres y mujeres, aunque ambas tienen contextura algo diferente. Posiblemente la faja fue usada por los hombres tan solo desde el siglo XVIII, por influencia de la vestimenta española y a raíz de la prohibición de usar trajes indígenas emitidos después del levantamiento de 1781.
En algunas publicaciones se ha mencionado el uso del poncho con cinturón para ceñirla a la cintura en épocas antiguas, con pervivencia de la costumbre en el siglo XX en Potosí. Es lógico que eso sucediera, ya que, por un lado, el poncho reemplazo al unku, la camisa de origen preincaico que era ni mas ni menos que un poncho cosido en sus bordes para cerrar los flancos, dejando las aberturas para pasar los brazos, por lo que, cuando el poncho reemplazo al unku, fue ceñido por una faja para que siguiera cumpliendo las funciones de su predecesor. Por otro lado, fue consecuencia de la imitación de la indumentaria europea, forzada por los españoles cuando prohibieron, después de 1781, el atuendo aborigen tradicional.
Las técnicas y diseños utilizados en Perú y el altiplano boliviano son de una riqueza tal, que cada comunidad o grupo étnico tiene algún rasgo particular que distingue sus fajas.
Han utilizado la lana de camélidos (principalmente alpaca) y de oveja, así como el hilado de algodón, cambiando muchas veces varios tipos de hilos en una sola pieza. Las medidas de las fajas en estas regiones difieren notablemente en largo y ancho. Vemos fajas de 4 o 5 cm de largo, generalmente de laboreo de doble faz, así como otras de no mas de 1 m., denominadas ceñidores, tanto tubulares como de laboreo. Los anchos son muy variables: desde 10 o más cm como las de la región de Macha que son largas bandas de labor con diseños florales encadenados, con un largo de 2 o 3 m.
En Perú y Bolivia encontramos fajas tubulares de lana. Los diseños copian motivos de la naturaleza, tanto vegetales (fitomorfos), como animales terrestres (zoomorfos) y aves (ornitomorfos), pero también tienen ornamentos geométricos figurativos e imágenes humanas (antropomorfos).
Como todas las técnicas textiles, los tejidos complejos de doble faz, tanto el tubular como el de laboreo con urdimbres complementarias, nacieron en esta zona y se extendieron mas tarde por el corredor andino hasta asentarse en el sur chileno y cruzar los Andes para ser ejecutadas por mapuches y pampas en nuestro territorio.
Llegando a las fajas del Sur y dejando de lado a las fajas creadas para otras funciones (ligas para botas de potro y vinchas para la cabeza por ejemplo) podemos establecer como las primeras creadas por el método de trenza chata, antes de dominar el telar. Luego esta técnica se dejo para las ligas y mas tarde se abandono.
A los efectos explicativos corresponde la división entre pampas (tubulares), araucanas o de laboreo (doble faz, de urdimbre complementaria) y mapuches (falsa doble faz, de urdimbre suplementaria, como las matras), aunque, como ya expresamos, todo deviene de un tronco étnico común.
Las más valoradas por su dificultad técnica para ser tejidas han sido siempre las dos primeras, aunque hay piezas bellas e importantes entre las del tercer grupo.
Las fajas pampas eran tejidas en telares verticales, y para su urdido se utilizaban sencillamente dos palos o cañas de colihue, de unos 40 cm plantados en el suelo y separados uno de otro según el largo de la pieza a tejer (generalmente de dos a tres metros), y otros dos palos para separar los cruces de la urdimbre.
A partir de ahí la tejedora iniciaba una marcha sin prisa pero constante, casi como una danza ritual, alrededor de esa formación, llevando hacia uno y otro extremo los hilos sin fin de la urdimbre, a veces en silencio, otras canturreando antiquísimas melodías propias de su oficio trasmitidas de madres a hijas a lo largo de los siglos.


